Infonavit en la remodelación del mercado hipotecario de México

México está transformando su política de vivienda urbana, y con la ayuda de nombres clave como Infonavit y su director general Alejandro Murat Hinojosa, el país busca implementar soluciones más sostenibles

Unidades de vivienda verticales típicas del México urbano. La agencia de vivienda Infonavit ha hecho mucho para promover la movilidad social en el país a través de su esquema de hipotecas accesibles – unidades de vivienda verticales típicas del México urbano. El Infonavit ha hecho mucho para promover la movilidad social en el país a través de su esquema de hipotecas accesibles.

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México representa un ejemplo histórico de cómo las naciones emergentes pueden cambiar rápidamente su posición en el escenario mundial y, con las reformas adecuadas, emerger como algo verdaderamente impresionante. En México, la urbanización se ha impuesto más rápidamente que en casi cualquier otro país de la OCDE, y para el año 2010 casi el 78 por ciento de la población se identificaría con la etiqueta de «habitante de la ciudad» (ver Fig. 1). Debido a un esfuerzo de medio siglo para satisfacer las necesidades de vivienda formal del país, el enfoque implacable en la vivienda social ha traído consigo una serie de desafíos, y México debe ahora adaptarse a un modelo más sostenible o correr el riesgo de enfrentar luchas más adelante.

Bajo el liderazgo de su director general, Alejandro Murat Hinojosa, el Infonavit ha transformado el mercado de la vivienda en México y ha puesto a la población en el camino de la prosperidad sostenible. World Finance habló con Murat Hinojosa sobre las muchas formas en que el panorama de la vivienda ha cambiado, y cómo es que sus contribuciones y las del Infonavit han creado una gran cantidad de nuevas y emocionantes oportunidades. «El Infonavit está cambiando el curso de la historia de la vivienda en México a través de la innovación financiera», dice Murat Hinojosa. «Pasamos de un modelo hipotecario orientado a la cantidad y basado en números a uno enfocado a mejorar la calidad de vida de los trabajadores y sus familias, no sólo otorgando préstamos hipotecarios, sino también protegiendo y asegurando un retorno eficiente a sus ahorros».

Hace algunos decenios, grandes franjas de la población no podían permitirse una casa, y la perspectiva de una casa lejos de las dificultades convenció a millones de residentes de la ciudad de que hicieran las maletas y se dirigieran a las afueras, donde los costos eran menores. Con organismos de vivienda como el Infonavit repartiendo hipotecas subvencionadas y paquetes de reubicación saludables, el enfoque en la construcción de viviendas sociales permitió al país hacer una transición muy necesaria. «Esta rápida expansión del financiamiento de la vivienda [ver figura 2], liderada principalmente por el Infonavit y facilitada por las políticas públicas que buscan ampliar el acceso a la vivienda formal, permitió la transición del país de la vivienda informal a la formal a gran escala», dice Murat Hinojosa.

«Aunque se lograron grandes avances en la disminución del déficit habitacional, el modelo se volvió insostenible». Al optar por centrarse en la vivienda social fuera del centro de la ciudad, la población se ha alejado de lo más selecto de los empleos y servicios, lo que ha aumentado la congestión, ha frenado la productividad y ha traído consigo una menor calidad de vida en general. La población urbana del país rivaliza con muchas incluso en los países desarrollados, pero la diferencia clave es que el paisaje está dominado en gran medida por viviendas unifamiliares de baja altura en lugar de edificios de gran altura. Independientemente de los esfuerzos realizados para hacer frente al déficit de viviendas, el mercado de hoy en día todavía lleva las cicatrices de las propiedades abandonadas y la segregación social, según un reciente informe de la OCDE impulsado por el Infonavit, y el sector no ha logrado proporcionar los beneficios básicos de la aglomeración: menores costos de transporte, seguridad, mejores escuelas, menores emisiones de carbono, agrupaciones de innovación y servicios públicos adecuados.

Cambiando de cara de la población urbana de México

El nombramiento del presidente Enrique Peña Nieto en 2012 marcó el último clavo en el ataúd del modelo de vivienda social de México de larga data. Esto ha cambiado el enfoque del gobierno para centrarse menos en la vivienda unifamiliar y más en la «verticalidad». Desde su nombramiento, el presidente ha colaborado con el Congreso para aprobar nada menos que 11 reformas estructurales clave, cada una de ellas destinada a impulsar la productividad, ampliar los derechos de los ciudadanos y, lo que es más importante, consolidar una democracia más eficiente. «El gobierno federal ha mostrado un fuerte compromiso con este sector y por ello, a principios de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto ha anunciado medidas fiscales y financieras de apoyo al financiamiento y desarrollo de la vivienda con el objetivo de construir 500.000 nuevas viviendas con una inversión prevista de más de 23.000 millones de dólares», dice Murat Hinojosa.

Es cierto que los problemas que aquejan al mercado de la vivienda no son fáciles de resolver, pero las bien intencionadas reformas estructurales de la administración gobernante deben impulsar tanto la productividad como la competitividad del país, y deben generar un crecimiento económico sostenible en la región del cinco por ciento y más para el año 2018.